19/11/11

Panamá es Panamá no "El Dubai de las Américas"

Panamá es Panamá, no “El Dubai de las Américas”

Otra vez Ricardo Martinelli volvió a referirse a Panamá como “El Dubai de las Américas”.

Lo hizo esta mañana, hora de Panamá del viernes 18 de noviembre, en París, en su viaje 48, en una reunión con empresarios franceses a quienes invitó a ”implicarse en la política”.

El representante del gobierno que impuso el 7% de impuesto al pueblo y ha establecido otros, criticó a los políticos pues "nos sacan el dinero a través de los impuestos" y "nos dicen lo que tenemos que hacer".

Esto lo hizo ante responsables de empresas como Air France, Alstom, Areva, Bouygues, GDF-Suez, JC Decaux, Natixis, Crédit Agricole, PSA, Renault, Vinci y Thales.

En la cuna de la revolución francesa, Martinelli debió explicar como ha hecho para acaparar los poderes del Estado, como a punta de sobornos y chantajes se ha apoderado de la Asamblea de Diputados, de la Corte Suprema de Justicia, de la Procuraduría de la Nación, de partidos políticos, cómo botó a su Vicepresidente, cómo pretende hacer desaparecer todo viso de oposición política, del nepotismo existente, cómo la auditora de sus empresas llegó a ser Contralora, cómo se reparten las embajadas, consulados y puestos públicos a familiares, compadres y queridas.

No explicó cómo en lo que él y la partidocracia llaman democracia, no existe la tal separación de poderes, se persiguen a periodistas, gremios y líderes populares, cómo presiona a los medios de comunicación y se apodera de algunos de ellos; cómo pisotea a la Constitución tratando de imponer su proyecto de reelección y de la llamada segunda vuelta; cómo pretende modificar la legislación electoral, para endurecerla aún más e impedir que surjan alternativas políticas realmente populares y democráticas, y siga esta democracia de partidos financiados por la narco mafia o por empresarios que, según él mismo dice, asisten “a una cena para financiar a tal o cual partido".

Los empresarios franceses debieron reírse de esta cátedra de política del famoso twittero conocido por las imbecilidades que escribe.

No habló cómo en “El Dubai de las Américas”, se masacró al pueblo de Changuinola, cómo se queman vivos a jóvenes de un centro penitenciario, cómo se vulneran los derechos humanos y laborales y por qué Panamá fue incluido por la OIT en la lista de los 20 países donde más se violan las libertades sindicales en el mundo.

No habló como el agua no llega a vastas comunidades, como se afecta el ambiente con proyectos depredadores, como se expulsan comunidades campesinas e indígenas y se les arrebatan sus tierras.

No habló del alto índice de femicidios, del trabajo infantil, del alto nivel de informalidad laboral, de la crisis en educación, salud, del desgreño administrativo, la corrupción y de la falta de medicamentos en la Caja de Seguro Social ni de cómo se exoneran a los empresarios que le roban la cuota del seguro social a los trabajadores.

No explicó cómo “El Dubai de las Américas” es uno de los países más desiguales de la tierra, cómo el 98% de nuestra población indígena vive en pobreza o extrema pobreza, como a los panameños no les alcanza el salario para afrontar el alto costo de la canasta básica, de los servicios, del transporte, de la electricidad, comunicación, agua, basura, etc. Cómo sectores asalariados, profesionales, capas medias, pequeños empresarios, productores, se hunden cada día en la pobreza.

No explicó como en “El Dubai de las Américas” más de un centenar de panameños mueren por la KPC, que los jubilados y pacientes de enfermedades crónicas tienen que cerrar calles para que sus demandas sean escuchadas, que todavía continúa el calvario de los envenenados con dietilenglycol y de los quemados del bus de la Martín Sosa para que se les haga justicia.

No habló de la corrupción ni de los escándalos de su gobierno ni de cómo varios de sus ministros y funcionarios se hayan implicados en actos dolosos y hasta en el narcotráfico. No dijo nada de la impunidad reinante en Panamá.

No habló de la “libertad” que existe en este “El Dubai de las Américas” donde se intensifica la remilitarización y donde la población humilde es sometida al acoso y abuso policial constante, restringida su movilidad, sometida día a día al sistema “pele police”, mientras crece la delincuencia y la inseguridad ciudadana.

No contó cómo en la inauguración de un hotel que es una copia de otro que existe en Dubai, propiedad del magnate Donald Trump. personaje que públicamente manifestó su rechazo a la reversión del Canal a Panamá, el acto se vio estropeado por la inundación de aguas negras de las calles adyacentes al edificio producto de la crisis de infraestructura pública que existe en nuestra ciudad.

Martinelli invitó a los empresarios franceses a ser parte de esta danza de los millones, del alto endeudamiento público, de este mundo de las coimas, de las licitaciones amañadas, del abuso de las contrataciones directas, de los sobre costos en los megas proyectos, de la repartición de tierras del Estado que permitirá a los millonarios, como el mismo, salir billonarios.

Martinelli no atina en qué país vive. Un día nos confunde con Dubai y otro con Filipinas, como ocurrió recientemente al felicitar al “compatriota” Manny Pacquiao. Para Martinelli y sus allegados este es “El País de las Maravillas”.

Sin entrar a analizar lo que es Dubai, lo cierto es que a los panameños no nos gustan este tipo de comparaciones con otros países. Señor Martinelli, Panamá es Panamá, no “El Dubai de las Américas”.

Y por ello nos enorgullece nuestro pueblo que lucha, como lo acaban de demostrar los miles y miles de panameños que salieron a las calles contra el privatizador proyecto de ley 349 que pretende rematar el país a la voracidad de transnacionales y empresarios inescrupulosos.

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